EL OFICIO DE ESCRIBIR


La semana pasada observé en el parque a un niño que manejaba un sofisticado mando de control remoto dirigiendo su coche de juguete recién comprado y en un momento dado se hastió de tan  complicado artefacto y tiró el mando al suelo, de inmediato, y con una gran sonrisa en los labios, se puso a perseguir a una paloma.   Recuerdo el día que empecé a escribir como si lo estuviera viviendo ahora mismo, desde entonces me ha gustado mucho como he contado esas historias. A veces las mejores cosas de la vida surgen así, de improviso, como un destello que te espera al final de un pasillo para proponerte aventura que te cambia la vida.   La fortuna, la auténtica suerte y las siempre imprevisibles manifestaciones del misterio, hicieron que me embarcara definitivamente en esta tarea de contar al mundo la fe, la esperanza, las ganas de salir adelante y todo ha fluido así, como debe ser, con la misma magia que ahora destilan las historias de Mente Positiva que cada noche de hacen que nos acostemos con esperanza, con sueños de mejora, y con la conciencia clara de que se puede y debe pelear por llegar a la auténtica felicidad.  De las cosas más grandes que he vivido en el maravilloso y siempre cambiante mundo es la disección del gran enigma de la vida y el planteamiento del bien cósmico en su máxima expresión.   Acaso querido lector: ¿hay mayor recompensa que utilizar un fragmento de texto para insuflar ánimo? ¿Mayor premio que saber que se está intentando hacer bien en vivo y en directo en este mundo de valores sepultados por la dictadura de la superficialidad?  Mi intensión es que descubramos lo auténticamente esencial de esa luz prodigiosa que llevamos dentro y que muchos se niegan a contemplar víctimas de sus propios miedos, y hacer feliz a mucha gente escribiendo cosas en el aire como para quienes se atreven a aceptar el reto de intentar ser mejores.   Decía mi maestro: “para vivir mejor hay que ser mejor”
 

 

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