El cuento es a veces la forma
simbólica de narrar una verdad que se transmite a través del tiempo, la tradición oral tuvo una fuerza enorme en
todos los pueblos de la antigüedad. Hoy
a pesar de vivir en un mundo tecnológico y rápido aun existe el relato que
puede ser contado con tintes de aventura, de emoción o de entusiasmo. El cuento siempre proporciona esa magia
diferente que hace que se ilusionen los niños, si no las materias se convierten
en algo aburrido, porque tan solo la
esencia y lo material se queda en nada.
Me acuerdo mucho de los cuentos que me contaba mi abuelo Heraclio, aun tengo
la imagen muy viva en mi mente de muchas tardes siendo muy niño y él
contándome. Creo que vengo de una
familia muy fantasiosa, por fortuna nos gusta mucho esa tradición oral que te
prepara la mente para pensar en lo insólito y en lo imposible, en que lo
maravilloso puede ocurrir. Los cuentos a veces transmiten grandes
verdades que se quedan no solo en la cabeza sino en el corazón que son dos
sitios muy diferentes, ¿Sera que los viejos sabían que el corazón es el centro
del universo del hombre? José Gallegos
me platico la historia de un grupo de cinco niños que jugueteaban en un
cementerio a plena noche. Había una poza que ellos querían limpiar y empezaron
a escavarla. Encontraron debajo del pozo una pequeña compuerta y se metieron
por debajo, encontraron una sala a la que llamaron “la sala de los fantasmas”
porque vieron unas figuras que eran unos
esqueletos que el hombre no había visto desde hacía milenios, eran los primeros
en profanar un santuario sagrado durante decenas de siglos. No se fijaron en las pinturas rupestres que estaban
realizados para los dioses, al ir avanzando en un ambiente inexplicable para
ellos, casi asfixiante llego un momento en el que se les apagó la linterna pasándolo
muy mal debido al miedo que tuvieron, para ellos había sido como un viaje al
ultramundo, un mundo desconocido que estaba debajo de la tierra y que nadie en
los últimos años había descubierto. Aquellos
muchachos creyeron ver fantasmas dentro de la cueva, y cuando lo cuenten a las
nuevas generaciones creerán en el misterio auténtico de la historia, tal vez en
un tesoro, construyendo así nuestro pasado. Y muchos de ellos se apasionarán.
Es muy difícil apasionar si sólo hay dígitos, números y cosas muy serias. Yo
creo en eso pero yo vengo de una familia demasiado fantasiosa...

No hay comentarios:
Publicar un comentario