FACUNDO CABRAL

Rodolfo bajo de la sierra con un caballo muerto al hombro y sin zapatos, con el viejo sombrero de mi padre, que era navegante y con la alegría de mi madre que era hechicera. Por un solo motivo iba al valle: bailar con Sara en la fiesta del trigo. Bailaron durante novecientas doce lunas, hasta que nací yo, Facundo (por Quiroga) y Cabral (por mi abuelo, que ya dije era navegante). Anduve todos los oficios menos el de la nostalgia… sin miedo, pues un día lo perdimos por uno de los agujeros del hijo del aula del colegio donde vivíamos, a cambio de nuestro trabajo de fregar los patios y los salones donde enseñaban de todo , menos magia y música, que un año después aprendí del primer cantor: el viento. Con la milonga y la baguela a cuestas, siguiendo el camino del altísimo, conocí en la indomable Patagonia el verlo en su principio, que es el silencio… el sol de Macchu Picchu… el paraíso en el Caribe… ¡le debo haber puesto mucho amor a mi canción que me trajo tan lejos, donde los aztecas y los mayas confirman la bendita semejanza que tenemos con el creador!
Autobiografía
Facundo Cabral



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