Nuestras vidas son los ríos que
van a dar a la mar que es el morir… Y
esos ríos que son nuestras vidas arrastran en su corriente toda la hojarasca y la
basura que generaron durante todo el año. Hoy mismo, estrenamos el año que viene a
ocupar el sitio del año anterior, uno menos
en la cuenta regresiva de nuestra vida, y qué hacer. Y ustedes querido lector, ¿cómo vivió este año? Salud, suerte, dinero y
amor serán las esperanzas que depositaremos, préndete aquí este amuleto, y
cuélgate allá el talismán, y ejecuta
este ritual y compra la mágica vela, el
aceite milagroso, la piedra imán. Esperar el nuevo año se presta para alimentar
esas infinitas ganas de creer en algo más allá de los tramposos santones de la
política, la economía y la religión. Comienza
un nuevo año, y si usted es pobre de espíritu, mantendrá encendida la flama de
la desatinada esperanza en unas fuerzas sobrenaturales que le van a cumplir
todas las metas inalcanzables para sus propias fuerzas. Todo esto proviene de la ilusión que nos
hace aceptar la existencia de entes que nos liberan del miedo y satisfacen
nuestros anhelos. Debemos tener cuidado
porque de no cumplirse nuestras expectativas corremos el riesgo de lampareados
por efecto de atolondramientos y temores subjetivos, esperanzados en factores
externos porque, tercos adolescentes, no confiamos en nosotros mismos…

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