FUIMOS HEROES

Recuerdo que de niño solo existían dos héroes para mí ya que yo les veía como algo inalcanzable y eran mis padres, pero cuando entré en la adolescencia, decidí que Papá no era tan omnipotente y podía jurar que no tenía idea de nada, sin mencionar que estaba completamente loco.   La tarde de ayer el comentario de un amigo me hizo pensar en qué momento los padres dejaremos de ser héroes y nuestro lugar como inalcanzable lo tomara un mequetrefe que el único merito que tiene es el de saber meter un baloncito en el interior de una red.  Creo que el problema está en que nosotros como adultos caemos también en el avieso y manipulador método del sistema de poder que nos lleva a asimilar que los triunfos ajenos y las derrotas son propios.    El fútbol que debiera ser un deporte para practicar con nuestros hijos, se ha transformado en un espectáculo para las masas, y se convierte en una especie de paliativo para que no decaiga por completo su desfalleciente sentido de la vida.  La inmensa mayoría del pueblo rara vez toca un balón, pero en el estadio se convierte en espectador pasivo que  de los triunfos de su equipo predilecto, a cuyos partidos asiste a distancia, desde una tribuna, enajenándose en el jugador profesional, que adquiere de ese modo categoría de ídolo al que le dan a ganar millones de pesos, mismo dinero que nunca ganara el proletariado, y si se me permite decirlo, tampoco lo ganara una persona que ha hecho estudios de posgrado...   Pero claro, el fútbol es un negocio millonario, y para lograr tan sañuda manipulación de las masas, el duopolio televisivo de nuestro país ha integrado todo un equipo de histriones, maestros de la la vociferación y el aullido estridente cuando cantan el ¡goool! Y los ditirambos para la enajenación: “gol versallesco”, “de caravana y alfombra roja”, “sublime”, “héroes”, “la gloria”, “la excelsitud”…”   Durante todo el encuentro tienden a acentuar el carácter estético del juego; se habla del estilo de los jugadores del mismo modo que se puede hablar de una obra pictórica.   Pero no debemos extrañamos: se trata de crear una cultura basada en valores irrisorios para uso de las masas a las que no se les permite tener acceso a la cultura. Se simula un serio estudio de algo de lo que no hay nada que aprender, enseñar o comentar más allá de algunas elementales reglas de juego.   Le daré un consejo querido lector, no deje de ser el héroe de sus hijos, no permita que le ganen ese puesto, aun hay mucho que podemos hacer para que nuestros hijos nos admiren.   Hoy me doy cuenta sin lugar a dudas que a pesar de lo mucho que ha cambiado mi padre aun confió completamente en él, todavía tenemos aventuras ocasionales como familia y el l tiempo pasó, convirtiéndose en algo muy preciado.   Trate de que sus hijos sonrían brillantemente cuando le vean llegar y le presenten orgullosamente a sus amigos, que vean en usted a un deportista, alguien con buen humor y que les ha enseñado el habito de la lectura, llévelos a conocer museos, salgan de viaje y tómelos del brazo para decirles en voz baja: siempre estoy aquí para ti, en cualquier momento que lo necesites.  


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