La vida es alegría y quien es un hombre serio o triste
merece ser llamado un muerto, la vida es energía rebosante, es un juego y no un
trabajo, más vale entonces que nos
entreguemos al presente, que puede ser tan potente que pulveriza al pasado, por
no animarnos a vivir el mundo natural, inventamos uno artificial donde nos
envenenamos unos a los otros porque no tenemos el valor necesario para vivir. Decía Krishnamurti que las revoluciones políticas,
económicas y sociales no son la respuesta porque han producido tiranías
espantosas o la mera transferencia de poder y autoridad a manos de un grupo
diferente. Lo que debe transformarse es
nuestra mente y ese cambio puede ser tan poderoso que a veces se mueve tanto que llega y beneficia a
los que nos rodean, como Jesús, como la Madre Teresa, como el Sai Baba. Procura siempre seguir a los individuos que son
lo mejor de la Humanidad, lo más saludable, los que siempre fueron considerados
locos por las masas que los cree locos porque son felices, naturalmente
felices, porque no los turba la ambición y no se preocupan por tonterías,
porque cantan y bailan y ríen al darse cuenta de que están vivos, viven el momento con intensidad y esto por
supuesto enoja a los muchos, a los que no les gusta que alguien haya logrado lo
que ellos no pueden lograr y es tanto el
miedo a sentirlo que ni siquiera lo intentan, pasando su vida haciéndole creer al libre que es un loco miserable y desdichado, tratando de devolverlo
al rebaño que odian. En esta sociedad
solo los locos son felices, los que están enamorados de las flores, los que
hablan con las palomas, los que viven poéticamente contemplando la belleza, la libertad
y la alegría, a veces tiene sus ventajas porque si aceptas que piensen que estás
loco quizá ya no volverán a molestarte…

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